

La enseñanza del español para extranjeros es un área que favorece la explotación de los aspectos lúdicos del aprendizaje, partiendo de la base de que la confluencia en clase de tantas culturas diferentes da, precisamente, ¡mucho juego! Pero no podemos confiar solo en su natural diversidad la agilidad del curso. Muchas veces, aunque el tema tratado dé pie a conversaciones interesantes o la novedad de los contenidos estimule a los estudiantes, el ritmo de la clase se cae, y eso puede deberse tanto a la hora (sobre todo cuando se empieza muy pronto por la mañana o se acaba muy tarde por la noche) como a motivos personales o, simplemente, al cansancio que todos podemos sentir en un momento dado.
Por eso, los “warm up”, actividades de calentamiento o, como a nosotros nos gusta llamarlos, disparadores creativos son un recurso que un profesor ELE siempre tiene que llevar en el bolsillo. Los disparadores creativos son ejercicios muy útiles, normalmente de corta duración, para activar a los alumnos antes de empezar la clase, ya que- al igual que ocurre con el deporte, la música o el teatro- es fundamental preparar el cuerpo y la mente para el esfuerzo que vendrá luego. La función de “precalentar” es, pues, una de las más importantes, pero no la única: Los disparadores disparan creatividad en cualquier momento de la clase y es que el juego en clase ELE también ayuda a repasar lo visto anteriormente, introducir el tema que se va a trabajar durante la lección y- como pequeñas actividades comunicativas, más dinámicas de lo "normal" y oportunamente dosificadas- los disparadores creativos refrescan el ambiente, hacen reír, mejoran la pronunciación y refuerzan el sentimiento de grupo, ayudándonos a todos a estar más cómodos en el aula.
A raíz de diferentes excusas- “el profesor se va de viaje y tiene que preparar una gran maleta”, “la gata de mi abuela es.../ está…”- los alumnos, por turnos y sin repetir, tienen que decir una palabra cuya inicial siga el orden del abecedario.
(Juegos que todos conocemos desde niños y no por eso dejan de ser un buen estímulo en clase): la parrilla de palabras en la que los alumnos deben completar en el menor tiempo posible una plantilla con diferentes categorías (profesiones, países, comidas, deportes, animales, objetos, colores) con palabras que empiecen por la letra que dice el profesor; el ahorcado, la sopa de letras (también muy útil para aligerar la presentación de verbos irregulares), el crucigrama (en parejas, cada alumno tiene las respuestas del otro, por ejemplo) , el Pictionary...
Un alumno tararea una canción y el resto intenta adivinarla.
Cada estudiante tiene que decir una palabra que empiece con la sílaba de la palabra que dijo la persona anterior (pollo-llover-verso-sótano…).
Repetirlos (en grupo, individualmente o como una competición) y ¿por qué no? crear nuevos con los fonemas más difíciles de español.
“La vida es maravillosamente loca”, “le vede es merevellesemente leque”.
La clase ayuda a un compañero, que está de pie de espaldas a la pizarra, a que adivine “su problema” a través de consejos. El profesor escribió, sin que el alumno pudiera verlo, por ejemplo: “Me huelen mucho los pies” y los compañeros le dirán: “dúchate más a menudo”, “usa sandalias”, etc. Se puede practicar cualquier estructura gramatical que sirva para recomendar (“tener que”, imperativo, subjuntivo...).
Resulta mucho más atractivo explicarle al compañero cómo es nuestra habitación o nuestro mejor amigo si él tiene que plasmar la descripción en su hoja (¡y más aún si luego podemos contrastar “la obra de arte” con la realidad a través de alguna foto o el propio dibujo de quien ha hecho la descripción!)
Cada alumno se presenta diciendo cómo se llama y una afición que debe comenzar con la misma letra de su nombre (“Me llamo Maria y me gusta mirar mariposas”. Luego se puede continuar presentando al compañero de al lado y así se practican las diferentes personas gramaticales (“Se llama Flor y le gusta festejar con la familia”).
Buscamos connotaciones, por ejemplo, alguien dice “parque”, otro “jugar”, el compañero dice “divertido” o “perro” o cualquier idea que le sugiera. Así con las primera y última palabras se pueden crear frases e inventar, finalmente, una historia.
En pequeños grupos se preparan historias breves para contar al resto de la clase y cuando el portavoz de cada grupo lo hace, los demás deben ir interrumpiéndolo con toda clase de preguntas sobre diferentes detalles - “¿qué ropa llevabas?” “¿qué habías desayunado?”- . Los otros compañeros del grupo tendrán entonces que ayudarlo a improvisar las respuestas.
Y mucho, mucho, mucho más… El repertorio es inagotable, ¡como la imaginación!

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